Tantoyuca Emporio Ganadero




PREFACIO

Cualquier conocimiento que llevemos a través de las letras sobre Tantoyuca, forzosamente debemos partir del más próximo origen, cuando se realizaron los hechos, todos son Historia, ésta nace del decir y el hacer de los primeros pobladores.
En la primer Monografía de Tantoyuca. que terminé de conformar en el año de 1988 y dada a conocer en 1992, pero que lamentablemente algunos interesados no pudieron obtener, hablé de las Familias Tronco como primeros pobladores de este pueblo de la Región Huaxteca.
Las que recordaremos en estos pequeños relatos que hoy, me propongo realizar, para completar el acerbo cultural de los interesados.

EL AUTOR

ANTECEDENTES

Sin duda alguna, de que, todos sabemos que la poca cultura que el indígena huaxteco del Municipio de Tantoyuca, como los demás lugares de nuestro país, vino del Continente Europeo y, de que los conductores fueron los españoles.
Pues bien, Tantoyuca, poblada por indígenas huaxtecos venidos de la Penìnsula de Yucatán bordeando al Golfo de México, que en la actualidad se les nombra Tének por su lengua de los Soque-Maya, por su forma de vivir ancestral, jamás fueron belicosos, se armaban y arman de valentía, cuando ingieren bebidas alcohólicas, portándose como los más bárbaros del norte de Veracruz, un pasaje histórico relatado por el Maestro Luis Guevara Ramírez, en su libro, “Un Viaje al Pasado de México”, así lo dice, y que fue motivo de que fueran expulsados de las tribus del vecino Estado de San Luis Potosí para refu8giarse en la parte norte del municipio y los Náhuatl, acosados por Hernán Cortés llegaron por la parte Sur, pasando por el vecino Municipio de Chicontepec.
Por la relación de propiedades, se infiere que el primer español en la población fue Don Trinidad Herrera y que llegó en el año de 1518


En Tantoyuca, fueron primeros propietarios de los siguientes ranchos:
1858.-Parte de la Hacienda de Pecero fue José Manuel Herrera.
1858.-Potrero y derechos de Acececa la Sra. Irene Herrera de Medina.
1808 a 1830.-Derechos de Chila Cortaza Trinidad Herrera
1837-1901.-Las Flores de Tantoyuca,Ver y Repartidero Las Flores, Platón Sánchez,Ver. De Trinidad Herrera.
1816.-Derecho de dominio primitivo en Sta. Clara Tantoyuca,Ver. De José Rafael Herrera.
1820.-Parte de Santa Clara Tantoyuca, Antonio Herrera.
1838.- Parte de Santa Clara Tantoyuca también Eduardo y Antonio Herrera.
1838.-Hacienda de Chopopo Tantoyuca, de Trinidad Herrera.
1849.- Hacienda de Chopopo Tantoyuca de Antonio Herrera.
1852.-Parte de Chila Cortaza Tantoyuca y sus ranchos de Carlos Herrera Guerrero.
1882,.Condueño en Tampamás, Pecero, Chopopo, y Chila Cortaza y varios ranchos Trinidad Herrera
1889.-El Humo Santa Clara, de Jesús Flores de Herrera.
1890.-La Ribera Sta. Clara, de Celso Herrera.
Como el primer español que pisó tierras de Tantoyuca, fue el Sr. Trinidad Herrera, a eso se debe que aparezca en la mayor parte de las propiedades como dueño o co-propietario.
Todas estas propiedades como eran grandes haciendas, con el tiempo fueron deslindadas por el único Ing. Topógrafo en Tantoyuca, el muy reconocido Ing. Y ganadero David Melo y Ostos.
Los Herrera como Don Trinidad, fueron los primeros que llegaron y conformaron las familias con los Jáuregui, Mora, Ostos, Núñez, Andrade, Melo y Llorente.
El primer matrimonio Ostos, fue integrado por Dn. José Antonio de Ostos y Doña María Teresa Ezástegui.

LOS RANCHOS EN LA HUAXTECA
(RELATOS )

Voy a dejar que mi mente me deje deslizar al lapicero, sobre las hojas de un cuaderno a rayas que compré ex profeso, y dejar que retroceda, para alimentar el espíritu y el alma, compañeros inseparables desde que el cuerpo principia a tomar forma en el vientre materno.
Retrocederé hasta mi inolvidable adolescencia, cuando el ser humano jamás piensa ni en el pasado, ni en el futuro; porque sólo se dedica a vivir el presente, el tesoro más preciado que algunos desperdician en nimiedades y en cosas falaces que no le llevan a ninguna parte.
Aunque los vocablos de esta lengua que nos trajeron desde Castilla España, en ocasiones, significativamente nos confunden como adolecer y adolescer de adolescencia, por naturaleza nos dedicamos a disfrutar las bondades, las riquezas y las experiencias que nos da la segunda, sin darle importancia alguna a la primera, ignorando si alguna ocasión la podamos tener.
En esta hermosa etapa de la vida, que llena de lisonjas y loas el creador permitió vivir, como gustásemos hacerlo, pero siempre bajo el ojo visor de los padres que, aunque con poca preparación intelectual que la mayor parte no tuvieron, como los que gozaron de; los medios suficientes para hacerlo; contaban con algo mejor, muy de ellos, como el hecho de habernos enseñado a conducir por el camino recto con honestidad, honradez y responsabilidad, que fue el legado más preciado invaluable del que todos gozamos.

Nuestro padre, un hombre bajito de estatura pero zagás para vivir, nació en el año de 1886 según él, en la Hacienda de San Diego al igual que sus hermanos Porfirio, Lina y Catalina; del matrimonio formado por Don Leandro González y Lugarda Reyes.
Como es de suponer, su hogar lo establecieron en el Rancho de San Diego, en la comunidad o ranchería de Buena Vista.
Mi abuelo, dedicado única y exclusivamente a la agricultura, por lo propicio de las tierras a la ribera del Río Calabozo, cuyo nacimiento se origina en las sierras chicontepecanas, pasando majestuoso por Pastoría, ranchería naranjera perteneciente a ese municipio, el cultivo especial del abuelo, fue el maíz, realizando por costumbre a mano vuelta con los demás vecinos que vivían también en las comunidades de Cantarranas, la Florida, Manantiales y Francia de la misma ex hacienda de San Diego; desde el desmonte, quema. cultivo y cosecha, en tierras comunales de las que representaba el condueñazgo mi tío abuelo Adelaido levantando grandes cosechas debido al cuidado que tenía desde el momento de la siembra, construyendo en el centro y a los lados, altos tapechtles de tres metros de altura con madera de espino blanco y otates a los que subían los guardianes, por una escalera y poder alcanzar ver lo más lejos posible, para que desde ahí, estuvieran pendientes de los animales nocivos como las tuzas, conejos, tordos, quichanes, pericos, tejones, etc.etc. que perjudicaban a las plantaciones, usando hondas para lanzarles pedruscos por el día; y por la noche, se hacían acompañar de perros llevando armas como rifles o carabinas cuatas marca winchester, con una lámpara de carburo ceñida a la cabeza con correa de piel especial; y que ya secas las mazorcas, realizaban la pizca; las ciznaban y guardaban en grandes trojes levantadas bajo el techo de galeras y en ocasiones en el tapanco de la casa donde ahumado no podía entrarle la famosa polilla y se picara.

Después de cada desmonte, quema, etc. Mi abuela Luga les preparaba ricas comidas; caldos a base carne de res seca y con hueso con tortillas hechas a mano con la ayuda de las cocineras que invitaba, o bien preparaba ricos tamales de carne de cerdo que a temprana hora el encargado, daba muerte y descuartizaba, los tamales eran acompañados por los ricos atoles a base de masa, granos de elote con chiltepín o también de capulín, sin faltar el rico café negro molido en el metate con piloncillo de caña que lo acompañaban con el sabroso pan que mi abuela preparaba.
Al paso del tiempo, cuando el grano ya estaba bien seco, con desgranadoras hechas con haces de olotes o bojoles asegurados por la mitad con alambre, los peones contratados se dedicaban a desgranar y colocarlo en grandes costales hecho de hilo grueso que adquiría en las tiendas del pueblo, poniendo en cada uno dieciséis cuartillos (medida hecha de madera especial para áridos) de cinco litros que antes se usaban y el día viernes cargaba sus mulas por ser animales muy resistentes y lo ponía en venta en lugares circunvecinos como Chicontepec, Tantoyuca, Huautla y otros mas alejados como Álamo, Temapachez, Tuxpan, Papantla, etc.

Estas ventas le eran favorables y obtenía buenos ingresos, que el permitieron adquirir en Tantoyuca algunas propiedades como la casa en calle 2 de Abril, donde hoy viven las familias Sánchez Melo y Sánchez Guerrero; la que se encuentra en la esquina de las Calles Nicolás Bravo e Igualdad, donde tienen sus casas los Hnos. González Hurtado; en la Calle Igualdad, donde edificaron las Familias Cervantes Ostos y Cervantes Guzmán y la construcción que se encuentra en la esquina de las Calles Igualdad y Abasolo, propiedad de los Hnos. Cervantes Flores. Sin duda alguna que fue una persona previsora, pensando en el futuro.-Al pasar los años y al crecer sus hijos, los envió con mamá Lugar a la población de Tantoyuca y los instaló en la casa de la 2 de Abril, por considerarla la más adecuada para cuando el llegara ocasionalmente a visitarlos, dando en inquilinato las otras y cuya renta le era suficiente a la familia para la obtención de lo más indispensable para vivir.

Doña Lugarda, ya instalada en el pueblo, se dio a conocer por la preparación y la sazón que le daba a las comidas, por lo que no pasó mucho tiempo para que fuera contratada por las principales familias y por el propio Jefe Político Don Efrén M. Reyna, para que se responsabilizara de preparar y servir los acostumbrados y grandes banquetes en esa época; no obstante el tener tanta ocupación, jamás se descuidó de la atención de sus hijos, enviándolos a escuelas o contratando los servicios de maestros en casa.

Al cumplir determinada edad, las mujeres Lina y Catalina, fueron dedicándose a las labores hogareñas y los varones a conocer el oficio de la talabartería, en el taller que se encontraba cerca de las casa, llamado “EL POTRO HUASTECO “ propiedad del Sr. Don Lino Z. Novales que se encontraba funcionando en propiedad del abuelo Leandro en la Calle Igualdad y que después, con el tiempo pasó a ser del Sr,. Novales.

Además de la escuela y la talabartería, los varones Rosalino y Porfirio asistían a las clases de música que impartía el maestro Jesús Téllez a la que asistían otros jóvenes, entre ellos Sabino Bautista, Donaciano Olivares, Lino Rivera, Epifanio Rivera, Plácido del Angel, Manuel Herrera, Rogerio Ostos, Indalecio Espinosa, Rito Hernández, Fortino Rivera, y otros mas, de su misma edad que, al cumplir poco más o menos14,15 y 16 años; pasaron a formar parte de la Banda de Música Municipal, la que ocasionalmente daba audiciones en el Kiosco del Parque Central y eran invitados para que hicieran sus presentaciones en la Ciudad y Puerto de Tampico Tamps. Según pláticas que sostenía con mi padre.

Como dije antes, la adolescencia es la etapa de la vida, en la que el ser humano va adquiriendo conocimientos y experiencias, así fue como según comentarios de mi padre salió una temporada del pueblo para radicar poco tiempo en Tampico, Tamps. Encargándose de un bar propiedad de uno de sus amigos llamado Bruno Hernández, por cierto que este señor, llegó a ocupar la Presidencia Municipal de Tantoyuca, con el que, en una ocasión que salieron de paseo, decidieron ocurrentemente trasladarse a San Antonio Texas, sin ningún objetivo.

Al regreso de este paréntesis de su vida, por ser el hijo mayor de mi abuelo Leandro, ocasionalmente lo acompañaba a visitar el rancho de San Diego, en donde procuraba visitar a familiares y amistades; al que mas visitaba era a mi tío abuelo Adelaido y a sus hijos Rutilo, Ramona y Flaviana. Comentaba mi papá que el tío Rutilo, la mayor parte del tiempo se encontraba fuera del rancho, su debilidad eran los gallos y juegos azar, siempre montaba su caballo en las alforjas de su montura y por los lados, dentro de una manta llevaba un gallo por cada lado y donde creía conveniente armaba rápido sus jugadas, colocando estacas en círculo para el manteado y realizar peleas de gallo, o sobre una mesa, poner la famosa banca y dedicarse a la baraja; el tío Adelaido su papá, siempre, la mayor del tiempo radicaba en el rancho, porque según copia de escrituras en poder, encabeza como responsable, la lista de personas condueños de San Diego, que habían comprado al español Sr. Don Teófilo Herrera en el año de 1882, redactadas por el Juez Receptor Lic. José María Melo a favor de Adelaido González, Antonio González, Encarnación Mar, Guadalupe González, Patricio González, Alejandro González, Pedro A. González, Tomasa del Angel, Valerio del Angel, Jesús Sagaón, José Escobar, Santiago Nava, Amado Guzmán, Fernando Gamboa, Juan C. Nava, Dominga Díaz, Lázaro Andrade, Pedro Miguel, Fernando Cortés, Antonio Herver, Damaso Trinidad, Refugio Zumaya, Mariano Hernández, Lucas García.María Montiel, y Pascual Azuara.

El territorio de Ixcanelco cuyo nombre original fue ASCANELCO SAN DIEGO DE CALPA, su primer prooietario fue Hernando de Herrera quien vendió a Juan de la Trubea por medio del intérprete Sebastián Martín, siendo Gobernador de Tantoyuca Pedro Montero y Alcaldes Andrés González y Juan de Santiago en los años de 1585-1592.
Desde ese año (1882) la Hacienda de San Diego fue convertida en condueñazgo, y ya los descendientes tuvieron sus propiedades representadas en lo que llamaron pesos primitivos.

Como era costumbre de los viejos, el permitir que entre la misma familia como primos hermanos, se enamoraran, fue lo que sucedió con mi padre, vivió varios años en concubinato con mi tía Ramona, y, de esa unión, nacieron mis hermanos Alberto en 1908 y Ernesto en 1910; por lo que se encontró obligado a responsabilizarse de su propia familia.
Por razones de su trabajo en la talabartería, permaneció viviendo al lado de mamá Luga y de sus otros hermanos en la casa de la Calle 2 de Abril y solo enviaba para los gastos a tía Ramona.-Los domingos por la noche, con sus demás compañeros amenizaban con la orquesta las serenatas que organizaba la autoridad en el Parque Central, pero en un ocasión, cuando daban una audición, los sorprendieron las fuerzas revolucionarias, y en la leva, lo enrolaron como trompetas de órdenes en el ejército, sin precisar si se trataba de Villistas o Carrancistas, mi hermano Ernesto el Güero como le decíamos, apenas había nacido el 23 de Noviembre de ese año, del estallamiento de la Revolución Mexicana.
Acompañó al ejército por algún tiempo, y después de varios combates, estando acuartelados en Ciudad Valles S.L.P. desertó, para refugiarse una larga temporada en San Diego, al lado de su Sra. Y sus hijos.

Al terminar el movimiento armado, regresó a Tantoyuca para seguir con sus anteriores ocupaciones para continuar con la manutención de su familia.
Sus hermanas, Lina, contrajo matrimonio con el Otilio Sánchez, y establecieron su hogar en la ribera del arroyo de Las Lajitas ( Mercado Municipal ) y ahí nacieron sus hijos: Leoncio, Orlando, Silda, Otilio y René; quienes después de que atacó el ciclón en 1933 el 15 de Septiembre, emigraron hacia Tampico y de ahí a la Ciudad de México; mi tía Catalina, a la que no tuve el gusto de conocerla, contrajo matrimonio con un Sr, de apellido Cueto, comerciante en ganado caballar, se fue a vivir al rancho de Sombrerete del Municipio de Papantla y ahí nació su único Roberto Cueto González, por lo que tuvo la necesidad de organizar su hogar en la cabecera municipal; mi tío Porfirio que cariñosamente le llamábamos tío Pilo, permaneció siempre soltero al lado de mamá Luga, dedicado a la talabartería y a la Banda de Música Municipal, ducho en el clarinete, su instrumento favorito, pero al igual que tenía Lina, se fue a radicar a la Ciudad de México, donde murió el 5 de Febrero de 1939, cuando yo me encontraba estudiando en la Escuela Normal.

Mamá Luga siguió viviendo con mi padre en la 2 de Abril, atendiendo siempre el negocio de los banquetes, cuando mi abuela materna, mamá Icha, dedicada a lavar y planchar la ropa de las personas más acomodadas que vivían en el centro de la población en las famosas casas de portales que las distinguían de otras construcciones; ya había tenido la oportunidad de conocer desde su juventud, por cierto que la invitó para que fuera madrina de mi madre, su hija María Remedios, quien tenía como hermanos a los cuates Efrén y Rogerio, los tres, hijos del matrimonio formado por Carlos Ostos Carballo y María Luisa Sánchez.

FAMILIA OSTOS SÁNCHEZ

En la edad que todo se graba con facilidad, sobre todos los comentarios de mi abuela, mamá Icha, sobre su forma de vivir con sus hijos, desempeñando trabajos distintos con varias familias, hogares de buena solvencia económica, me platicaba que el quehacer hogareño mas continuo era, el de doméstica o ama de llaves y que le daban esa preferencia por los tejidos finos y vistosos hechos con agujas de gancho que vendía a los propios patrones, trabajo que jamás, durante toda su vida dejó de hacer, pues todavía cuando contraje matrimonio vivió al lado de nosotros dedicada totalmente a ello, entre los que le oí nombrar fueron; tiras bordadas, mucetas, corpiños, fundas, colchas, manteles, servilletas, etc. De las que siempre tenía su dinero que guardaba en el seno en una bolsita de manta con jareta ( algunas de mis hijas todavía conservan como recuerdo ) , con el que obtenía alimento para sus hijos, ya que el abuelo Carlos: jaranero, romántico, milonguero y enamorado; pocas veces estaba en casa; para darme la abuela una idea de esa forma de vida, me nombró como hijos en otras mujeres del pueblo, a mis tíos: Salvadpr, Jovito, Angel, Catalina, Gerardo y Alejandrina; de los que pudo recordar y que tuve la fortuna de conocer, todos con el tinte de los Ostos, muy alegres u jacarandosos, armando una gran escándalos en sus pláticas cuando casualmente se reunían.

Mi abuela, mamá Icha, con sus hijos, la mayor parte del tiempo vivieron en casa de su padrastro Don Celso Espinosa y que tuve la oportunidad de conocerlo y le llamaba papá Checho, era un alto de edad avanzada pelo completamente blanco y de barba poblada y larga de bigote poblado lo usaba muy bien arreglado, como le decían antes, estilo corte de alacrán enrollado por lado por lado y lado como la cola del animal, según su estilo, siempre estaba sentado una silla ancha de las llamadas poltronas, con armazón de madera de cedro pero con respaldo y asiento de piel de res y además, por los lados tenía donde apoyar los brazos, regularmente siempre de pierna cruzada y en época de invierno envuelto con una cobija roya con cuadros grandes, sin hacerle falta su puro hecho de tabaco que mi tío Indalecio su único hijo y hermano de mi abuela IIcha y tía Vi, le compraba con Don Baudelio, que también vendía en bolsitas de manta con jareta, ya molido y con hojas de totomoxtle ya recortadas, para preparar el cigarrillo, que con tan solo lamer la hoja, hacía que el trabajo no se cayera y poderse encender con facilidad, recuerdo que, fuera de la bolsita tenía escrita con letras negras la palabra LEONES posiblemente era el nombre que Don Baude les puso para distinguirlos de los otros competidores en la venta.

Sn esos tiempos, le daban más importancia a la crianza de los hombres, las mujeres las delegaban en segundo término, solo para que se dedicaran a las labores del hogar como hacer ek aseo, lavar y planchar ropa, preparación de alimentos, confección de vestidos y manufactura de tejidos, esto lo acostumbraban familias de las clases media y pobres, que les llamaban de las orillas y que las personas del centro o ricas, solo las iban a visitar cuando necesitaban de sus servicios domésticos.
Aunque sea increíble, la importancia de la preparación de la mujer en lo intelectual, no se la daban, de este privilegio gozaba únicamente los hombres como futuros jefes de familia; por eso mi madre, por empeño casi propio, principió asistir a la escuela a los 14 o 15 años según platicaba, para aprender a leer y escribir, lo que apenas logró.

La Escuela a la que asistió por poco tiempo fue, la llamada niñas “Leona Vicario” y como cerca de ella, se encontraba la casa de su madrina Luga, sus visitas eran continuas, mi padre, se desempeñaba en el taller del Maestro Lino, contiguo a la Escuela y se daba cuenta del paso de ella para la casa en 2 de Abril.

En estas visitas continuas, accidentalmente y a propósito se encontraban en la calle o se veían en casa, de ahí nació el enamoramiento, y Cupido ni presto ni perezoso los flechó, a pesar de que María Remedios, mi madre, era siete años menor que él, y que ya contaba con sus dos hijos en tía Ramona: Alberto y Ernesto.

Al transcurrir los años, formalizaron sus relaciones, teniendo como resultado el pre consabido matrimonio, ceremonia que realizaron el 15 de Agosto de 1921 cuando mi madre cumplía ese día 27 años y mi padre días antes el día 11, había cumplido 35.






Los padrinos de la Ceremonia fueron el Sr. Don Jesús Molina y su esposa, la Sra. Doña Juana Martínez de Molina.

Después del ceremonial religioso, fue servido en casa de los padrinos Calle Hidalgo esquina con Leona Vicario, de donde había salido vestida la novia, con su hermoso vestido blanco y corona a la usanza de aquéllos tiempos mientras el novio la esperaba en la puerta del templo con traje negro de tres piezas y corbata de moño, para que resaltara a distancia la contrayente; un desayuno, según pláticas de la abuela Icha, consistente en un sabroso chocolate preparado por las consuegras y acompañado por el sabroso pan que preparó especialmente la Sra. Aurora Arenas de Molina, amiga de ambas familias.

La mañana de ese día transcurrió alegremente, con amenas pláticas de las señoritas Sánchez Flores, Alvarado, Mercado Arenas, Ostos Núñez, etc.etc. hasta llegar el medio día con sus amistades, entre los que se encontraban mis hermanos Alberto y Ernesto para que en el mismo lugar, mamá Luga, hiciera gala al servir un rico banquete a base de molen con carne de guajolote y postre preparado en casa acompañados de la famosa champaña que se acostumbraba y vinos obsequiados por los padrinos. Transcurrió la tarde con rapidez, para que novios y acompañamiento se dirigieran al baile que le obsequiaron a su amigo y compañero el novio, organizado en un salón de la Escuela Cantonal “Bernardo Couto” y que fue iniciado por los contrayentes con el hermoso del gran músico hidalguense Juventino Rosas, titulado “SOBRE LAS OLAS” con el que el novio, pudo lucir ante todas sus amistades la galanura y hermosura de su ya esposa María Remedios, pareja que fue recibida con grandes aplausos, mientras que el Maestro Sabino Bautista, Director de la orquesta y Donaciano Olivares Mercado hacían vibrar las cuerdas de sus violines acompañados por: en el bajo Lino Rivera, en el Contrabajo Epifanio Rivera, en la Flauta, Plácido del Angel, en el Flautín Manuel Herrera y en la trompeta Rito Hernández y en el Clarinete Tío Pilo; mientras que el Trombón de émbolos descansaba en la recámara de Rosalino Tiburcio, el novio; posteriormente los boleros, los danzones, pasos dobles, hasta que bailadores y bailadoras tomaron asiento pata hacer un breve paréntesis, terminando el sarao, según mi padre ( el novio) al amanecer del día 22.

Al término del ritual del casorio, decidieron viajar para pasar su luna de miel en la Ciudad y Puerto de Tampico Tamaulipas, lugar donde ya Don Rosalino Tiburcio había estado durante su juventud; se trasladaron a lomo de de bestia, desde la madrugada, encaminándose por La Garita rumbo a Magosal, pernoctando en la casa del Rancho El Jardín, propiedad del Sr. Don Constancio Mar, amigo de Rosalino, para que, otro día por la mañana se encaminaran a la estación del ferrocarril de la vía corta que llegaba a las 9,30 horas de la mañana, para luego partir de regreso hacia Tampico y llegar a las 3 o 4 de la tarde pasando por las Estaciones de Mascareñas, Tres Morillos, Cebadilla, la Carbonera, lugares pertenecientes al Municipio de Ozuluama, con excepción de Magozal que corresponde al de Chontla, ya que el tren se acercaba a las de fierro con tres arcos atravesando el Río Tamesí, el primer lugar que se avistaba era la Laguna de Chairel en donde los chinos vecinos del puerto habían levantado sus casas como especie de palafitos, es decir, sobre troncos clavados en la tierra bajo el agua, construcciones hechas de madera que les llamaban chalets porque propiedad de los chinos ha quienes se les con el nombre de chales; según versiones porque como no podían hablar el español, como llegaron a la Península de California, parte Norte, en inglés a Carlos es Charles, ellos les decían Chales.
Los chinos se habían extendido por todo el territorio de Tampico donde tenían grandes casas comerciales y negocios fuertes, sobre todo la venta de pan que ellos mismos preparaban y enseñaron a los mexicanos a hacer lo famosos y sabrosos bísquetes, entre los cafés de renombre se encontraba El Fénix, que todavía existe.
A los pocos días por la misma vía regresaron a Tantoyuca estableciendo su hogar en una Casa de la Calle Hidalgo y que actualmente aun se encuentra entre el Hotel La Parroquia y Tlapalería Lugo,
Ahí, al año siguiente nace el que escribe el 19 de Mayo de 1922, fui la novedad de la vecindad, según pláticas de mi madre quien ya tenía como compañera a mi abuela materna María Luisa.
Siendo el primogénito del matrimonio no faltaban las visitas diariamente, viniendo el problema sobre el nombre que llevaría, así fue que, para no quitarme la gracia calendarizada sería el de Dunstano, pero como vecinas frente a la casa vivían las Familia Molina Arenas y Don Próspero Sánchez, su esposa Sóstenes Flores y sus hijos Homero, Consuelo, Esperanza y Remedios Sánchez Flores, todos originarios de Chiconamel mis padres aceptaron su opinión para que me antepusieran el nombre de Héctor, así que fui registrado como Héctor Dunstano González Ostos, posteriormente me llevaron a la Iglesia y las hermanas Sánchez Flores fueron mi madrinas de presentación a la Virgen,
Transcurren los meses, para preparar la ceremonia del Bautizo y se dedican a buscar a los que también, que también llamaban de Pilla,( Olla de piedra donde se conserva el agua bendita) al conocerme el Sr. Don Leovigildo Barragán y por la gran amistad que tenía con mi padre desde San Diego, se ofreció él llevarme a bautizar junto con su esposa y pariente de mi padre, la Sra, Fermina Sumaya, propietarios de la Finca Pastoría del Municipio de Chicontepec, matrimonio que había comprado a mi abuelo Leandro parte del terreno en la 2 de Abril, donde vivía mi abuela Luga como vecina, que al cumplir un año de edad, según me platicaba mi mamá me obsequió un pequeño reloj de bolsillo con carátula azul, de eso si recuerdo llegué a conservar hasta cuando estuve casado.

Al pasar el tiempo, mis hermanos mayores, que habían vivido algún tiempo al lado de nuestra abuela Luga, asistiendo a la escuela, a la talabartería “El Potro Huasteco” de Don Lino Novales, como aprendices, regresaron con mis padres, cuidando de mi, de mis hermanos Lugarda Epímaca que nació en 1924 y Raúl Proto en 1926; hasta el año de 1930.
Mi padre les donó la casa situada en la esquina de las Calles Nicolás Bravo y 2 de Abril, que le había heredado mi abuelo Leandro; para que vivieran con su mamá mi tía Ramona, que venía de vez en cuando del Rancho de San Diego, y ahí, en ocasiones llegaban algunos otros familiares del mismo lugar.
Recuerdo que cuando estaba de poca edad, quizá unos cinco o seis años, mi padre me llevaba a San Diego y llegábamos a la casa de la tía Ramona que estaba en la Ranchería de La Florida a orillas de un arroyo con agua muy cristalina donde nos bañábamos, y en ocasiones jugaban con los niños casi de mi edad y algunos mayores en ese entonces como Beto Vázquez, Marciano, Luciano, y otros que ya no recuerdo, el que continuamente estaba con mi tía era el Güero Ernesto, que, junto con otros familiares como Chano, Ventura, Felipe, Tomás, etc. Se dedicaba a la agricultura y a la doma o amansar y arrendar caballos que era lo que más le gustaba y que lo hacía distinguirse de otros y familiares que tanto lo admiraban.

Llegó el momento o que, por motivo de que sus hijos ya hechos hombres, talabarteros de oficio y con los medios económicos suficientes, que aprendieron a tener al lado de mi mamá, porque siempre tuvieron buenas relaciones, se separaron para irse al lado y cuidado de su madre, motivo por el que la tía Ramona se vino a radicar más tiempo o permanecer más tiempo en el pueblo, como decían antes.

Al poco tiempo, como todo joven, mi hermano Alberto decidió salir de Tantoyuca dejando al Güero con su mamá; Alberto ya como talabartero estuvo en Valles S.L.P., después en Tampico Tamps. Trabajando en PEMEX, y posteriormente se trasladó a la Ciudad de México, en todo ese tiempo tuvo como compañero de aventura a un familiar nuestro, Porfirio Morán Valenzuela, conocido por el apodo de El Piao (no sé su significado).- Por cierto que, platicaba mi hermano Alberto ciertos anécdotas de El Piao en Tampico; como era un afecto a las bebidas embriagantes (les decían espirituosas) se fue a un baile y se armó una gresca de la que salió mal librado, amaneció con toda la cara inflamada; y al levantarse le dijo a mi hermano Alberto: ¡Qué falta, mi hiciste anoche ¡ y pregunta mi hermano: ¿Para qué? Y le contestó: para que nos hubieran repartidos los golpes. En otra ocasión, como era costumbre que día Domingo por la tarde salían de paseo, se vistieron con su traje de casimir, y Porfirio estrenaba zapatos de la famosa marca Domic, fueron al cine, y al salir se separaron, al siguiente día Porfirio, llegó a la casa donde vivían, de traje pero descalzo.
Como mi tía Ramona la hacía de rezandera, continuamente solicitaban sus servicios en San Diego para velorios, novenarios, el acabo de años, como así les decían, tenía que ir, por cierto que, al pasar la navidad, en el año de 1948, le atacó una fuerte gripa (gripe) con temperatura y debido a las continuas lluvias de diciembre, se mojó, la sorprendió una neumonía, vinieron al pueblo por el Dr. Efraín Castañeda Robles, lo acompañó mi hermano Alberto , pero la distancia de 36 kilómetros a caballo, con bastante lodo por el camino, éste se hizo supuestamente largo y agotador, de tal manera que el médico ya no fue necesario que la atendiera, pues mi tía Ramona había fallecido en los últimos días de diciembre de los años cuarenta, y, cuando vinieron a dejar al Doctor al pueblo, en la misma monta se fue mi hermano Güero, Ernesto a quien lo acompañó el mas chico, Rosalino Eusebio, tan solo para asistir al sepelio de su mamá en el Cementerio de la Ranchería de La Florida.

En el año de 1942, llegó mi hermano Alberto de México, ya mi papá lo había ido a visitar, donde conoció a su Sra, Margarita Hurtado y a su primer hijo Adelaido, se estableció definitivamente en Tantoyuca, con su familia y debido a la apertura de su taller de talabartería, se quedó definitivamente.


OTROS RANCHOS:

Regresaré la hojas del calendario para referirme a la época de los once años de edad en adelante; cuando cursaba el cuarto grado de primaria, el último de la Primaria Elemental, fue cuando recibí primer certificado de estudios para constancia;, cuando mi padre, después de haber sido talabartero, Agente de Ventas de máquinas de coser, de la marca SINGER, primeras que llegaron a Tantoyuca, de pedal, supliendo a las antiguas de volante manual, que manejaban las costureras (hoy modistas) por medio de una perilla colocada en el volante y movido con la mano derecha, porque con la izquierda dirigían la costura; comerciante que viajaba continuamente a Tampico, ya con casa propia en el barrio de Las Agujas ( Col. Altamirano) que con los ahorros acostumbrados en las familias , que había hecho mi madre, le dio la sorpresa a mi padre y se la compraron a Don Catarino Juárez, por cierto, padre de una comadre de mi mamá, llamada Apolonia; la compra fue en la cantidad de $ 35.00 (TREINTA Y CINCO PESOS) plata, que comprendía casi una hectárea de terreno con casa, techo de teja de ceja, situada en lo hoy Calle Cuauhtémoc antes Santa Teresa; ahí en el año de 1928 nacieron mis hermanos gemelos Leandro y Petra que, al cumplir un año de nacidos les atacó neumonía, murió Leandro y al mes Petra; pasaron siete años, y en Agosto 14 de 1935 nació mi hermano Rosalino Eusebio quien tuvo como padrino de Bautizo a mi hermano Alberto.-

Llegó como vecino, un amigo de mi papá desde cuando vivía en San Diego llamado Amado Guerrero con su esposa Justina Alvarado, que siempre había estado dedicado desde el rancho a la matanza de reses y venta de carne a quienes antes llamaban nacateros; lo invitó que fuera su socio y desde luego, mi padre, hombre honesto, trabajador y responsable, aceptó.
Mi padre, inteligentemente me involucró, y me comisionó para que, los días domingo por la madrugada, me levantara a las cuatro de la mañana y auxiliara al matador de reses llamado Don Filiberto Curiel conocido en todo el pueblo como el Güero Curiel, por su tez blanca.
Recibí las primeras instrucciones, sobre el quehacer que me correspondía: un día antes de la res, ponerle petróleo al candil de dos mechas,; al sacrificarla, seguir con el alumbrado del candil, la punta del cuchillo destazador, hasta terminar totalmente, ayudarle al mandadero o mozo llamado Nicolás, extender la piel y salarla totalmente, doblarla, y embodegarla, para su venta.-Ayudar a chamulear ( chamul es un madero largo y delgado) la paila donde se realizaba el cocimiento de los chicharrones y después, ir a casa para asearme los cornetes nasales llenos de hollín producido por el petróleo del candil-Cuidar de que la carne tazajeada y pedazos se secaran con los rayos del sol, y que no fueran alimento de perros y zopilotes que siempre merodean por donde hay carne o huesos; y por la tarde, levantarla, doblarla y ponerla en una batea para su embodegado, lo mismo se hacía con los pedazos.
Para proveerse de reses gordas, mi padre, durante los días de la semana salía a diferentes ranchos ganaderos, cuyos propietarios le ofrecían animales en algunas ocasiones, lo acompañaba, pero las salidas más frecuentes eran, durante las vacaciones, que para mí eran una especie de paseo, pero muy atractivos.

Nos parábamos en la madrugada, nos aseamos, poníamos dos o tres litros de maíz en cada uno de dos morrales, llegar al corral y sujetar los caballos, darles el maíz y mientras se lo comían se les pasaba por el lomo la almohaza,( quitarles el polvo), el cepillo de raíz, y para terminar y dejar a los caballos brillosos y limpios pasándole por el lomo un ayate varias veces.




Posteriormente colocarles el ajuar: freno, carona, sobre-carona, montura y chaparreras; cuando era necesario, así como la manga en las alforjas que regularmente siempre la traía, atendiendo el dicho de los rancheros: “ En época de soles carga tu manga, en época de lluvias tú lo sabes” .
Ya teniendo preparadas las monturas, regresábamos a la cocina a tomarnos un café negro con pan y recoger el itacate o bastimento, que regularmente consistía en tacos de huevo enchilado, tortillas enchiladas verdes con carne asada, etc. Etc. Porque aquello de las dudas de que no nos invitaran a comer en el rancho que visitáramos.




RANCHO PALMA SOLA

Era el que más visitábamos era propiedad de un señor llamado Próspero, situado cerca de San Gabriel, en él, sólo estaban su señora, Don Próspero y el vaquero, que le ayudaba a cuidar el ganado.
Además de las vacas, tenía cerdos y gallinas y tres o cuatro perros para vigilantes nocturnos.
En más de una ocasión, dormíamos en ese rancho, nos facilitaban un petate, lo tendíamos en el piso de tierra y como cabecera utilizábamos las caronas de los caballos y para cubrirnos, las famosas mangas.

Al levantarnos por la mañana, sobre un tronco de un viejo árbol que habían cortado a base de golpes de hacha, nos ponían unas palanganas con agua y una jícara, en caso de ésta nos faltara, para extraer más de un chichapal grande que estaba cerca del lavadero de ropa, donde se encontraba la batea y el agua de lejía (agua con ceniza) que utilizaban para blanquear la ropa y para asearnos la boca, un huacal junto al cántaro donde depositaban el agua para los usos domésticos en la concina.

La cocina contaba con su tapechtle donde colocaban los trastes recién lavados, el bracero donde, sobre cuatro piedras llamadas tenamashle, ponían el comal redondo hecho de lodo para cocer las tortillas o bien para poner el jarro para los frijoles o la cazuela para freír los alimentos a base de manteca de cerdo con pimienta, clavo, comino para darles sabor, todo, absolutamente todo era apetitoso y mas cuando a los frijoles les ponían sus hierbas especiales; pero por la mañana, primero la tasa de café negro molido en el metate, bien caliente con una pieza de pan o bien un pedazo de panela hecho en casa; después, el almuerzo que llamaban o desayuno: tortillas enchiladas verdes, entomatadas o de chiltepín, frijolitos y carne asada en el comal todo acompañado por la tasa de café negro o con leche recién ordeñada
Posteriormente, venía la famosa campeada, o sea, andar a caballo por todo el rancho en busca de las reses gordas o ya cebadas, se hacía el trato compra-venta, se lazaban y llevarlas al pueblo, regularmente, mi tarea o trabajo consistía en el arreo de ellas, y cuando en algunas ocasiones se negaban a caminar como sucedía casi siempre, les torcía la cola para que lo hicieran.
La casa de Don Próspero era un sola pieza, donde ahí recibían visitas que descansaban en sillas bajitas con asientos de palma tejida, en el centro del tapanco de la casa, donde tenían su boca o entrada como le llamaban, se encontraba apoyada una escalera, que solo consistía en tronco largo de madera de zapote o chijol con escalones o pasos hechos a base de golpes de machete o hachuela.

Una enseñanza campirana que obtuve, fue, el de saber, que el tronco de zapote a la intemperie, con el tiempo llega a petrificarse.
La cena que siempre servían, era idéntica al desayuno. Con las sabrosas tortillas de maíz blanco hechas a mano, enchiiladas, acompañadas siempre con la carne asada.
La carne la obtenían de las reses que ahí mismo sacrificaban, cuya carne tasajeaban y conservaban con bastante sal, por mucho tiempo en bateas grandes hechas exclusivamente para ello, de la que iban extrayendo tiras que secaban al sol o sobre el bracero, la lavaban para asarla.
Al concluir la cena, en la solera del jacal, en sillas bajitas o tozas de troncos de árboles caídos por los fuertes nortes que azotaban en el cerro donde estaba la construcción, que servían de asientos, en el patio de la casa.

Se oía el cantar de los gallos de las casas vecinas; si éste cántico era a las diez de la noche, anunciaban lluvia o mal tiempo, pero, si era en hora diferente, presagiaban el buen tiempo.
A la hora de las pláticas o conversaciones como les decían, sobre diferentes tópicos, se veía el titileo de los cocuyos o luciérnagas, el canto de los grillos y en ocasiones el cacareo de las gallinas que se espantaban o asustaban como decía la señora, e inmediatamente incitaban a los perros para que ahuyentaran al extraño que lo hacía, animándolos con la expresión ¡Úscale¡ ¡Úscale¡
Por la madrugada o al amanecer, después de un descanso nocturnal y placentero, al despertar, se escuchaba el canto agudo de los gallos, anunciando la llegada del nuevo día, que, al clarear, se oía el vuelo de las gallinas güinicas, búlicas, alazanas, rojas, negras, etc. Que, al caer a tierra firme se sacudían, como lo hacen después de tomar un baño de tierra hecha polvo, para limpiar sus plumas aceiteras, remeras y timoneras, con que cuentan; como el ser humano lo hace al estirarse, haciendo que algunas ocasiones se oiga el tronar de las vértebras de su columna, desprendiéndose de lo soñoliento. Platicaba Don Próspero, que, en las noches de luna clara, a lo lejos, solo se oía el aullido lastimero de los coyotes que salían en grandes jaurías a buscar carroña con que alimentarse o animales pequeños que fueran presa fácil.

Lo que más atraía la atención era de que, Don Próspero, a pesar de tener ese nombre que significa progreso, adelanto, etc. Y de ser un hombre de una posición económica mas o menos regular, y de que sus útiles de trabajo eran su caballo, su silla de montar y chaparreras; al lado de mi padre, se veía ridículo; su caballo, era pobre jamelgo que apenas podía caminar, todo flaco, descuidado en fín, causaba lástima que se pobre animal llevara sobre lomo, un fuste viejo, con el retobo todo roto, su cabeza apenas conservaba la mitad por el tanto uso, puesta sobre una vieja carona toda descosida, en lugar de los arciones dos pedazos de reata, uno por cada lado, formando una honda para descansar las piernas, todos los pantalones rasgados por las espinas en fin, un jinete esperpento pero adinerado.
Al avanzar por las angostas y encrucijadas veredas, y atajos, sobre la tierra húmeda por el rocío, se notaban las huellas que, con las pezuñas habían dejado las manadas de venados que regularmente merodean mordisqueando las hierbas y pasto tierno al amanecer, dejando una trilla ancha por la que, los cazadores les era fácil descubrirlos.

Llegamos al grueso de la montaña, donde se localizaba una canoa larga sostenida por estacas con horquetas, sacó Don Próspero un morral de zapupe donde llevaba la sal que vació en la canoa, y con mazo de madera pesada principió a golpearla y con voz fuerte pronunciaba varias y repetidas veces la palabra ¡Joy¡ ¡Joy¡ ¡Joy¡, sólo entendida por el ganado que, poco a poco se iba acercando para saborear las extendida en todo el recipiente, y ahí, mi padre escogía la o las vacas gordas o bien cebadas, propias para la matanza que, después del arreglo del importe, el vaquero procedía a lazarla y con un mancornero (reata) las ataba al árbol más resistente, si eran dos o más, para sacarlas, se mancornaban con la misma reata y con una lazadera atada a la cabeza de la montura de mi papá, entraba yo en acción con el arreo.

La Señora del rancho, solía salir al patio con un canasto copeteado de maíz que, al voleo, por puños, esparcía por el piso, para esperar el picotazo de las gallinas hasta llenar el buche, completándolo con la toma de agua de una canoa levantando la cabeza como si hiciera gárgaras, reblandecerlo, pasarlo a la molleja y principiara su trituración para tomar de él, los nutrientes necesarios; mientras los cerdos con ese ronquido que les es especial, devoraban con avidez el alimento, por el que en algunas ocasiones se disputaban, sin saber que, al transcurrir el tiempo iban a parar a una paila de cobre o una tina de lámina, para ser degustados por familiares y amigos, o bien ponerlos sobre un báscula o romana para venderlos Kiliados a los comerciantes en ganado porcino para su degüello.



SALIDA DEL RANCHO.

Ya mi papá con las vacas mancornadas, listas para el arreo, salíamos de la propiedad de Don Próspero e iniciábamos la caminata, animando a los animales con la palabra que conocían y quizás le agradaba a sus oídos, el famoso ¡Joy¡ ¡Joy¡.
El problema estaba en que, las reses por el cansancio, se negaban a caminar, y para lograrlo, les torcía la cola o me ayuda con una vara, especie de pica, para animarlas a continuar; si el sol estaba fuerte, en el primer árbol que daba una buena sombra, procedíamos al descanso pero, sin dejar que las reses, doblaran sus extremidades y se echaran porque podían acalambrarse y jamás se pararían, en caso de que esto sucediera, tenía que llevarse la matancero y ahí proceder a degollarlas, destazarla y transportar la carne a lomo de bestia en grandes chiquigüitis.

Otro problema que podría presentar es que, en el arreo, al pasar por alguna corriente de agua, evitar que las reses la tomaran, porque si lo hacían, les crecía la panza (empanzaban) y ya no caminaban.
En caso de llegar a su destino, se ataban a algún tronco para que de ese lugar, las pasara el encargado del degüello y demás actividades consecuentes.

Para llegar y salir del Rancho Palma Sola, pasábamos por las rancherías de Las Lajitas, Chiquero, Xilozuchitl, La Mora, El Sabino y La Esperanza, todo el camino era roca de tepetate amarillo, así es que en tiempo de lluvias, no se hacía lodo.

Como recuerdo a mi Sr. Padre cuando en algunas ocasiones, para darme a conocer lo pesado de su trabajo, me daba algunos ejemplos como: en cierta ocasión, dentro de la ciudad hizo la compra de una res, me ordenó lo acompañara, montado en un burrito color negro claro con pelo entrecano de poca alzada al que le puso El Sapo, le coloqué el fuste especial para carga, de los llamados de dos cabezas sobre su ancha y especial carona, llegamos a la casa del comprador, mi padre lazó la vaca y se la ató con nudo llamado a muerte en la cabeza trasera de la cabeza del fuste del burro y me hiso jalar el animal mientras él la arreaba; nos fuimos por la Calle del Ganado por todo el borde del arroyo, y, precisamente donde hoy se encuentra el puente de concreto, la res se espantó, se adelantó al borrico y en su loca carrera, lo tiró, y tanto bestia como jinete, que era yo, fuimos arrastrados como diez metros, alcanza mi padre a la vaca, la laza y la hace pararse, por lo que me dio, sin tener culpa, una fuerte llamada de atención, pero me sirvió de una gran lección.

RANCHO REPARTIDERO.

Todos los días, las personas dedicadas a la compra-venta de ganado vacuno, sus primeras actividades, al clarear el día, eran, la preparaciones de su monturas de acuerdo con sus costumbres y posibilidades, algunos, las tenían encorraladas en casa, otros en achicaderos cerca de sus hogares, pero todos, con una preparación lo mejor posible, porque, al salir, desconocían por completo la faena que realizarían durante el día, porque todo esto dependía del campeo que les tocara.

El rancho que mejor atendido estaba, era Repartidero en terrenos de Municipio de Platón Sanchez, pero sus propietarios radicaban en la Ciudad de Tantoyuca, ellos eran los Hermanos Melo y Ostos, pero el más conocedor y y como un ganadero reconocido era el Ing. David Melo y Ostos; por la mañana y lo más temprano posible, partía hacia Repartidero con su baja-estribo (compañero que le ayudaba a montar y desmontar su caballo) ya que era una persona con bastante kilos de peso.
Regularmente su caballo era de gran alza,, su montura completamente al estilo texano, sus situación económica se lo permitía, posiblemente por los fustes poblanos que mas de usaban eran de menos pulgadas entre la cabeza y la teja, aunque su presentación era mejor, eran los que mas usaban en la Huaxteca.

Para llegar a Repartidero, la salida del pueblo es por la hoy Avenida Platón Sánchez, antes camino real a Platón, por el Abra, pasando por Dos Caminos, Santa Cristina. Río Calabozo, Paso de El Higo, Los Naranjos, La Puerta y Repartidero; una distancia aproximada dieciséis kilómetros, camino de tierra negra, de tal manera que en época de lluvias, se hacen grandes lodazales y se dificulta llegar.
En Repartidero, existían unas buenas caballerizas destinadas para los caballos del administrador y el patrón, con buenos pesebres, la hoz para por manojos cortar el zacate, alimento de las montas; corrales de varenga aserrada, chiqueros y bebederos para la becerrada bien acondicionados.

Los pastizales estaban divididos en: para Ganado de engorda, ganado lechero, ganado de deshecho, toretes, novillonas o terneras de destete, etc., todos los datos de ellos, los tenían en el despacho del patrón. Consistían en: fecha de nacimiento del animal, color, sexo, clase, y número de registro que cada animal lucía en la quijada del lado izquierdo o lado de montar.
Todas las divisiones que conformaban los potreros limitan con la corriente de agua del Río Calabozo hasta la actualidad.
Alrededor de la Casa Grande, Casa de los Patrones o Casa del Rancho como quisieran llamarle, se encontraban las de los vaqueros con sus familias, los niños ahí crecían y cuando grandes se convertían en los peones del rancho, o sea mano de obra para la limpia de potreros, cultivo de maíz, etc.etc.
En este rancho solo prestaban sus servicios campesinos que llamaban mestizos.
Los trabajadores tenían como inmediato Jefe al Administrador, que era la persona quien diariamente les distribuía el trabajo, se llamaba Don Gustavo Herrera Ostos, hijo de Don Alfredo Herrera y Francisca Ostos, familiar de los dueños de la finca, era un hombre alto, delgado, usaba pantalones pegados a la pierna con aletones de los llamados estilo charro, sombrero de copa alta y alas anchas, bigote largo y espeso.

Los empleados del rancho cada quien tenía su trabajo que desempeñar: ordeñadores, vaqueros, caballerango, peones, mandaderos o mozos, ama de llaves, cocineras y queseras.
Los hijos de los trabajadores asistían a clases a la Escuela Primaria Rural de Corralillo.
Todos los días a lomo de bestia mular, transportaban cierta cantidad de leche en tanques de aluminio a la ciudad, para el gasto de la casa y venta.

El Ing. Melo como se lo conocía en toda la República Mexicana como un gran ganadero, fue el primero que introdujo a México el ganado Cebú supuestamente traídos traído del Brasil por lo le que llamaban ganado brasileño, pero realmente es originario de la India, al que llaman también ganado Jorobado o Giboso, de él, según datos obtenidos, existen seis tipos o grupos: Guzerat, Ongole, Gyr, Misore, Siri y Dhanni; pero los primeros que llegaron fueron, los traídos de Texas de la raza Brahman que fueron expuestos en la Feria realizada en Tampico Tamaulipas en el año de 1933 de donde el Ing. Los obtuvo, paseados en un carretón jalado por bestias por las calles empedradas de Tantoyuca, causando la admiración de los pobladores por su inmensa joroba que lucían.

Esto motivó que al Ing. Melo le dio el Presidente de la República Don Adolfo Ruíz Cortínes un reconocimiento a nivel nacional, por ser de los primeros en preocuparse del mejoramiento ganadero en la República Mexicana., y llegó a pertenecer a la Asociación Mexicana de Creadores de Cebú, (AMCC) con sede en la Ciudad de Tampico.




Los animales que ahí vendían, eran de los llamados de deshecho, es decir, por su vejez, algún defecto, vacas orras, es decir las que no podían tener crías, hermafroditas como el ser humano.
Al morir el Ing. Melo, pasó a ser propiedad de su hermano, el Lic. Samuel Melo y Ostos, quien se lo heredó a su hija María Onofre Melo que, junto con su esposo, Alfonso Pier, lo administraron algún tiempo y al fallecer ellos pasaron a ser propiedad de su hijos Francisco Xavier y Jorge Pier Melo, hasta la fecha.

RANCHO CHILA CORTAZA

Este, era también propiedad de la Asociación Hmnos. Melo y Ostos, de ellos, quien radicaba casi siempre en él era el Sr. Manuel Melo y Ostos, según versiones contaba con una extensión de mil hectáreas, algunas hechas potrero, pero la mayor parte eran grandes montañas, donde se encontraba todo tipo de árboles maderables, por lo que instalaron grandes aserraderos y la madera era transportada a lomo de bestias mulares hasta Magozal, en donde la enviaban en ferrocarril a las Madererías de la Ciudad y Puerto de Tampico Tamps.
Este rancho, cuenta con pequeñas corrientes de agua y lagunetas naturales en determinados lugares, se encuentra en la parte oriente del Municipio de Tantoyuca, colindando con el Municipio de Chontla, sirviendo como límite la corriente del arroyo y que algunas, oor su gran caudal le llaman Río Tamozús.

La madera que en mayor cantidad exportaban era de otates de la familia del bambú, utilizada en Estado Unidos de Norteamérica en la fabricación de las naves aéreas.-
En pocas ocasiones vendían ganado, pero éste se obtenía en rancho pequeños aledaños a Chila Cortaza como El Órgano, propiedad del Sr. Irineo Ponce.

Aquí, el mayor número de trabajadores eran de procedencia indígena huaxteca ( Náhuatl y Tének) por el trabajo que desempeñaban, completamente distinto al realizado en Repartidero.
Este lugar era continuamente visitado por cazadores, pues tanto los venados como los jabalíes se reproducían con facilidad encontrándose grandes manadas, que eran presa fácil; en varias ocasiones estos, visitaban la Hacienda por las noches, cuando iban a linternear, esta forma consistía en que la persona se colocaba un linterna o lámpara de carburo en la frente, asegura por con una correa de piel, alcanzaban los rayos de luz hasta una distancia de cien metros, enfocaban al venado, que con la luz se cegaba, y aprovechaban para dispararle.-En algunas ocasiones, se confundían y daban muerte a becerros, terneras o burros; y como eran furtivos, nunca los localizaban.

Los niños asistían a la Escuela de ese mismo lugar y otros a Loma Atravesada.
La Asociación Hnos. Melo y Ostos, siempre fue la mejor organizada de la región, en la cabecera municipal, donde tenían su residencia principal, contaban con un oficina que funcionaba como pagaduría, atendida por el Tenedor de Libros ( Contador ) Sr. Homero Sánchez Flores, empleado de los mismos, quien se encargaba de llevar toda clase de registros de los ranchos y cada ocho días, el sábado, se presentaban todos los trabajadores, mediante nómina, a recoger su raya (sueldo ) semanaria.

Probablemente la que originó el nacimiento de la Sociedad Azuara y Meraz del vecino Municipio de Tempoal, Ver.
Los productos del ganado como queso y mantequilla, eran enviados a la Ciudad de Tampico periódicamente.

El ganado gordo, regularmente novillos (toros castrados) eran enviados por puntas o hatos ya sea a Tampico o a la Ciudad de México para el rastro Herrerías, siempre era movido por vaqueros expertos en el arreo, pasando por Huejutla, La Corrala, San Felipe del Estado de Hidalgo hasta llegar a Tamazunchale del Estado de San Luis Potosí, para que, en camiones (trailers) hacerlo llegar la Distrito Federal.
La Hacienda de Chila Cortaza fue fraccionada, en la actualidad, la conforman varios ranchos con distintos dueños, dedicados a la cría de ganado vacuno.


RANCHO POZA RICA

Propiedad del Sr. Don Benjamín Herrera, este se localizaba frente a Repartidero , regadas sus tierras en parte, por el agua del Río de Los Hules, era el único que tenía comunicación telefónica de pila seca con la Ciudad de Tantoyuca, principalmente con su esposa Doña Elena Jáuregui.
También dedicado a la cría de ganado criollo lechero, en donde en algunas ocasiones, ofrecían a mi padre reses gordas propias para el degüello,.
En este Rancho, varios años anteriores, sirvió mi abuelita materna mamá Icha, como ama de llaves; y la abuelita de mi esposa Doña Cheva, encargada de la alimentación de los patrones con los que se desempeaba como Administrador su esposo, Don Perfecto Meza, ahí, según me contaba mi abuela creció y prestó sus servicios mi suegro, el Sr. Don Macario Meza Azuara, que después, por razones de trabajo tuvo que salir hacia el Rancho El Aguacate, del Municipio de Chalma.

Don Benjamín, persona que tuve el gusto de conocer, era de complexión delgada, usaba pantalones charros, sombre de ala ancha y caballos de gran alza, carácter bondadoso, muy tratable., su montura y la de su administrador y vaqueros eran netamente Huaxtecas, probablemente obtenidas en la Talabartería del Sr. Manuel H. Serna que encontraba frente a una de sus propiedades, me refiero a la Casa del Familia González González, junto a la Casa Valenzuela, porque la propiedad que se localiza en la esquina que forman la Calle 5 de Mayo y Miguel Hidalgo, actualmente propiedad de uno de los herederos de la Familia Ostos, sobrino de la Sra. Isabel Ostos de Mercado (+)
La leche, era enviada a Tantoyuca para su venta por el mismo medio, es decir, en bestias mulares que, con una reata jalaba al que llamaban lechero., todos los días de la semana.


RANCHO PALOS AZULES

Propiedad también de Don Benjamín Herrera pero a nombre de su esposa, Doña Elena Jáuregui, se localizaba en la parte Noreste del Municipio cerca de la Ranchería de Guayabal Grande, ambos de la Congregación de Chila Pérez, donde llegué a prestar mis servicios como Maestro Rural en 1941.
En la referida finca, regularmente se criaba ganado para engorda, del que también en algunas ocasiones, mi padre, hacía compras, éste, pasó a ser propiedad de la Sra. Isabel Ostos de Mercado que, al fallecer, heredó a sus sobrinos, hijos de su hermano Cuauhtémoc Ostos, radicado en la Ciudad de Ozualuama.-En la actualidad Palos Azules pasó como propiedad de los Hnos. Guzmán Avilés.

SOCIEDAD GUERRERO, LINCE, SERNA Y GONZÁLEZ.

En el año de 1935, en virtud de la nacatería o matanza daba muy buenos resultados, decidieron tanto Don Amado Guerrero como mi padre, ampliar el negocio y fue así cuando invitaron a los Señores Roberto Lince Ostos y Manuel H. Serna como socios, e instalaron la matanza en la propiedad del Sr. Valentín Güemes situada frente al Parque Juárez en la esquina que forman la acera del parque y la Calle Abasolo.

Ya principiaron a comprar el ganado en mayor escala, y en la finca de los Naranjos propiedad del Sr. Enrique Lince, tío de Don Roberto, depositaban el ganado, ya que quedaba cerca del rastro (Rastro DIF) y les era más fácil su arrimo.
El negocio de la matanza creció tanto que, después de pasar a degüello tres veces a la semana, lo hicieron una diaria y dos el día domingo y contrataron los servicios de contaduría del Sr. Amado Lince Ostos.
De 1936 a 1941, por razones de estudios y trabajo, dejé de colaborar con mi padre y por supuesto con sus socios.

RANCHO TERRERO
STA. CLARA

Éste era propiedad de un Maestro que prestaba sus servicios en la comunidad de Chapapote Municipio de Chalma, su nombre Carlos Jongitud.
Me voy a referir a esta finca, a la que tuve oportunidad de visitar, por la amistad y trabajo similar que desempeñaba como el dueño, a pesar de ser pequeña en extensión.

Se distinguía de las demás, porque en los pastizales, se alimentaba solamente ganado lechero de poza alza y su característica principal era, el ser chato, es decir con una naríz muy corta, ganado que en ningún otro lugar existía.-Al pasar los años, Carlos falleció y pasó a ser propiedad de su único hermano Vicente.
Como la propiedad era de poca superficie, sólo contaba con dos vaqueros que se desempeñaban también como ordeñadores, sólo existía una pequeña casa que habitada Carlos, porque los sirvientes vivían en la comunidad y casa propia.

TEPEZQUINGO

Colindaba con Terrero, de la misma Congregación, su propietario, el Sr. Don Gabriel Juárez Herrera. Finca dedicada exclusivamente a la engorda de ganado en gran escala, como empleados: su administrador y de cuatro a cinco vaqueros, ellos, vivían con sus familias en el propio rancho avecindados con la Casa del Patrón, quien permanecía largas temporadas al pendiente de sus animales.

Continuamente, contrataba a personas para el arreo de ganado vía Tamazunchale hacia la Ciudad de México destinado como los demás al Rastro de Herrerías, o bien al de Tampico Tamps. Vía Estación de Magozal y de ahí en ferrocarril; generalmente los encargados de este movimiento eran Don Hilario Rivera Flores y su hijo Nicolás Rivera Flores o un Sr. A quien se conocía con el apodo de Chicayán.
Tanto Terrero como Tepesquingo, están situados dentro de los terrenos de Santa Clara, el primero dueño de esta Hacienda se llamó Nicolás Pérez y su nombre original es decir con el que lo bautizó fue: TODOS SANTOS.

RANCHO SANTA CRISTINA

Al referirme al Rancho de Repartidero, en el camino hacia él, nombre esta finca; su dueño: el Dr. Federico Martínez, originario de Nuevo León, que antes de la Revolución, llegó a prestar sus servicios como auxiliar del Dr. Gastón Melo; dedicado exclusivamente a la cría de ganado lechero.
En bestias mulares, diariamente hacía llegar la leche para su venta a la Ciudad de Tantoyuca, se encargaba de ello, su esposa, la Sra. Josefa Ostos..
La lechería se localizaba en lo que hoy es vivienda de la Fam. Assad Meraz.
La finca actualmente pertenece a las Familias Guzmán Avilés y Vera Arrieta.

RANCHO TIERRA BLANCA

El español Don Enrique García Rodríguez era su propietario. Por estar muy cerca de la Ciudad, Don Enrique, adaptó cierta superficie de esta finca, como pista para el aterrizaje de aviones chicos y avionetas.-La primer avioneta con la que se inauguró la pista, fue propiedad del Gral. Leopoldo Ortíz Sevilla comandante del 61 Regimiento de Caballería, establecido en Tantoyuca. La línea aérea que prestó sus servicios por largo tiempo fue la Transportes Aéreos Tamaulipas (TAT). Los aparatos volaban de Tampico-Tantoyuca-Huejutla-México; ahí fue, donde bajó, en Diciembre de 1945, avioneta que elevándose en Tamazunchale S.L.P. trajera al Teniente Mecánico Piloto Aviador Sr. Erasmo Meza Rivera integrante del Escudrón 201, al terminarse la Segunda Guerra Mundial.

Este rancho, dedicado exclusivamente a la cría de ganado lechero suizo, holandés.-Don Enrique fue el que también obtuvo toros de la raza cebú para hacer la cruza con el ganado que ya poseía.
La leche, igual que los demás lugares, era transportada diariamente a lomo de bestia a la población de Tantoyuca, encargándose de expenderla su esposa Doña María Flores.
Don Enrique, siendo previsor, vía aérea enviaba todo el dinero que obtenía de la venta de leche al banco de la Ciudad de México y, cuando ya existió la comunicación aérea, lo hacía en avión y en latas de lámina donde venían empacadas las galletas tostadas que se vendían en tiendas de Tantoyuca.

Murió Doña María, y al fallecer Don Enrique, la finca pasó a ser propiedad de su ahijada y sobrinas María Onofre Melo de Pier, misma que se la heredó al actual propietario José Melo Pier.
Las instalaciones con ciertas reparaciones siguen conservándose. Y la finca se sigue conservando con el mismo objetivo.

FINCA MATA DE OTATE.

Su propietario, el Sr. Enrique Assad, administrada por el Sr. Albino Cruz, a este lugar, tuve la oportunidad de visitarlo varias veces junto con mi padre, contaba con corralera de varengas de chijol, gallineros y zahúrdas, casas para vaqueros y peones ya que el administrador contaba con su propio terreno y casa.
La casa del patrón bien acondicionada con su sala, recámaras, antecomedor, comedor y lavabo; la cocina, como antes se estilaba: bracero, mesa, trastero, etc.
Dedicación, a la engorda de ganado, continuamente mi padre ahí se proveía de los animales necesarios para el rastro, además, gran parte del terreno era destinado para la siembra de maíz, frijol y chile.

Quienes desempeñaban el trabajo diario y cotidiano eran de cinco a seis personas.
A la fallecer Don Enrique y su esposa Florinda del Angel, éstos son propiedad de los Hmnos. Assad Meraz hijos de Don León hermano de Don Enrique, Salomón y Marón.

RANCHO JOCUTLA

Éste, se encontraba a corta distancia de Mata de Otate, propiedad del Sr. Salomón Assad, hermano de Don Enrique, dedicado a lo mismo, con el servicio de personas casi en igual número, con la diferencia de que, se encontraba a la ribera del río Calabozo, grandes árboles de sauces, inmensas montañas de árboles maderables que regularmente siempre estaban en explotación contratando a los aserradores para que se encargaran de ello, madera que traían a la venta a la ciudad.

Pero más lo diferenciaba en que se dedicaban a la cría de gallinas ponedoras, coloradas y búlicas; en donde algunas personas se abastecían para la alimentación o la cría.
Como gran parte de sus terrenos consistían en tierras de vega, continuamente tenían invasiones de indígenas, provocando grandes y delicados problemas.
Al fallecer Don Salomón, estos terrenos fueron propiedad de su hijo Humberto Assad Azuara, actualmente, algunas extensiones han sido vendidas y el resto es, de uno de los hijos de Don Humberto.
Primeramente fue llamado XUCUTLA y le decían potrero HAHACHACHAXUMXUM y SAN FRANCISCO, su propietario Nicolás Pérez..

RANCHO SANTA ELENA

Este se localizaba en el camino Tantoyuca-Jocutla, propiedad de los Hnos. González Marroquín, además de la crianza y engorda de ganado bovino, se dedicaban a la reproducción de cerdos y gallinas en gran escala pero además, gran parte de la finca, que era extensa, se dedicaron a cultivar maíz blanco y amarillo en gran escala, así como a la horticultura: lechugas, rábanos zanahorias, etc.
Como todos los demás a la producción de leche y queso en cantidades regulares.
Tan solo tenían un vaquero, un ordeñador y un cocinero, porque la administración estaba a cargo del Sr. Guillermo González, con el tenían parentesco, mismo que era responsable del que también poseían en Chila Pérez llamado “ El Toruno “.

RANCHO BUENOS AIRES.

Antes de llegar a Santa Elena, se encontraba la propiedad del Sr. Don Alberto Medellín Herrera, el encargado de su cuidado era el Sr. Don Juan Hernández, persona de sus grandes confianzas y como vaquero el Sr. Antelmo Ramos, dedicada este terreno al ganado solamente de engorda, es decir contaban puros novillos.
Actualmente es propiedad de un nieto de Don Alberto parte de él, y lo restante del Sr. Volustano Nava Nava.

RANCHO PERALVILLO.

Al oeste de Buenos Aires, su dueño, el Sr. Don Agustín Pinete, dedicado únicamente a la cría de ganado de lechero, cerdos y gallinas.
El producto del mismo, era transportado a lomo de bestia a la ciudad de Tantoyuca.
En la actualidad es propiedad de su nieto, el Dr. Amín Mustafá Pinete.

HACIENDA SABANA GRANDE.

Su nombre se debe a las inmensas llanuras o sabanas en las cerca de mil hectáreas con que cuenta, propiedad de los españoles Hnos. Riaño, actualmente está fraccionado, sus dueños descendientes de ellos,.

Este terreno siempre ha sido destinado a la cría de ganado de diversas razas solo para la engorda, como las corrientes de agua se encuentran retiradas, construyeron varios jagüeyes que hoy llaman ollas, para la retención de agua en tiempo de lluvias, se localiza a orillas de la carretera Tantoyuca-Tuxpan.
Además de los descritos a grandes rasgos, se encontraban:
LAS LAGUNAS, del Sr. Don Gregorio Gómez de la Sierra, después de Don Rosendo Guzmán Hernández y actualmente de su Vda. Sra. Enriqueta Avilés Mercado y de sus hijos Guzmán Avilés; lo mismo El Constante y El Sacrificio.
LA CAMPANA, antes de los Hnos. Medellín Bridat, actualmente de sus descendientes Medellín Lara.
TEPATLÁN, antes de una Fam. Flores, actualmente fraccionado y pertenece a las Fams. Flores Milo, Bustos Herrera, Díaz Flores y Del Angel del Angel.
SAN GABRIEL, de los hermanos Sebastián, Volustano, Abdón, Crispín, María, Valfré y Homero Nava Nava.
MINCUINÍ, de las Familias Sosa.
TANTIMITA, comunidad de la Laja, donde poseían sus pequeños ranchos ganaderos: Manuel Guerrero que también era apicultor.-María Meza, crís ovinos y caprinos.-Octaviano Rivera, ganado porcino en TANTIMITA DE ARRIBA y en TANTIMITA DE ABAJO, todos dedicados al bovino: Fidel Torres, Manuel Medellín León e Ildefonso León.
Y otros más que escapan a mi memoria que son pequeñas propiedades.

MEDICINA PARA ANIMALES

Como antes no existían los Médicos Veterinarios, en caso de las enfermedades que atacaban a los animales, los administradores principalmente y ganaderos en pequeño, recurrían al auxilio de la naturaleza aplicando la medicina que ésta les proporcionaba para la cura de su ganado, por ejemplo:

Para la Ranillla,(provocada por la garrapata) enfermedad que ya no he oído nombrar, se les despuntaban los cuernos hasta que sangraran y en el hueco le aplicaban una macilla hecha de huevo con cal.
Para el Mal de Paleta, fomentos de petróleo.
Para desparasitar, purgas de agua con sal y hojas de chaca.

Para aliviar las infecciones o gusaneras, tapones de hojas para lavar trastes con creolina, etc. Etc.
En época de temperaturas altas, es decir en el verano se reproducían los arácnidos: pinolillos, garrapatas. Conchudas que atacaban a todo tipo de ganado y con una substancia llamada coper se humedecía un pedazo de tela y se le pasaba al animal por todo el cuerpo.
Los equinos además de los arácnidos antes mencionados, eran atacados por el hormiguillo o mal de casco y se les ponía petróleo.
Los animales también ocasionalmente padecen de cólicos o retorcijones de panza, igual que los humanos, los curaban dándoles café molido con agua y con una reata hecha de crin de caballo mojada, le daban de golpes donde se localizaba el dolor.

Los animales de monta también, al igual que el humano, en ocasiones padecían de una especie de Grippe, le llamaban muermo y para curarlos, un morral le ponían una fibrilla que se llamaba Barba de Chivo humedecida con aguardiente y se lo colocaban con el hocico dentro, se lo ataban en la cabeza con el propósito de que el animal, desalojara todo la mucosidad, todo acompañado de agua con la que se refrescaba la cabeza del animal.

En tiempo de lluvias que caían durante varios días en el verano, los cascos, se les humedecían tanto que se les infectaban y les adquirían la enfermedad llamada hormiguillo o gabarro, el que se curaba con tan todo solo ponerles bastante petróleo en la parte afectada.

Ocasionalmente, los dedicados a la vaquería, notaban que su cabalgadura adelgazaba y al revisarla o auscultar al animal, descubrían que debajo de la lengua tenían un especie de tumorcillo que le molestaba al comer y con navaja curva especial, se lo extraían.
Cuando los dedicados al arreo de ganado vacuno sobre en época de lluvias, les atacaba una enfermedad parecida al hormiguillo de los caballos y también les aplicaban petróleo y para protegerlos les colocaban un pedazo de piel como especie de huarache atado.

LOS CÚES

En estos lugares que tuvimos la oportunidad de visitar, dentro de las enormes sabanas que algunos presentaban, se encontraban pequeños montículos a los que llamaban CÚES donde habitantes prehispánicos, guardaron trabajos hechos a base de barro, que vaqueros, por ignorancia destrozaban, sin imaginarse el valor histórico que ahí se conservaba.

En los años cuarenta apareció la famosa fiebre aftosa, lo que obligó al país a realizar una campaña para atacar la enfermedad y fue cuando se principiaron a usar las bombas para esparcir el líquido anti-aftosa en el cuerpo de los animales y a construir baños para hacer pasar a cada bovino y realizarlo con mayor rapidez.
En todas las propiedades, se obtenían bovinos para el rastro de Tantoyuca, para la Sociedad Serna, Guerrero, Lince y González y para otras personas que se dedicaban a este oficio como Don Lino Torres, Juan Curiel, etc.

HATO GANADERO

En el año de 1945, ya estando casado con mi esposa Amalia Meza Rivera, mi padre le vendió a mi suegra un lote de vacas paridas, con el dinero ahorrado de la cantidad que recibía de su hijo que se encontraba en el ejército, por lo que, tuve que hacerme cargo del cuidado de esas reses, llevándolas a pastos a la finca del Sr. Cristóbal Gallardo situada en Chila Pérez, de ahí, al Rancho El Ciruelo, propiedad de Don Ruperto Herrera y al carecer pastura este lugar, las transfería al Rancho Palos Altos, propiedad de la Sra. Juana Rodríguez Vda. De Herrera, fue en donde, al llegar mi cuñado de su comisión le hice entrega del hato pero ya con su producto.

LA VAQUERÍA

A pesar de dedicarme al magisterio, seguí colaborando con mi padre en la compra de ganado, sólo en los días inhábiles, en uno de los viajes, al pasar por reducidas veredas (camino angosto) en montes gruesos o montañas, en los árboles, es costumbre que aniden reptiles, así fue como, en cierta ocasión, al parar su caballo para cortar un bejuco (liana) cerca de un árbol llamado ceiba, me dí cuenta de que, una víbora de las llamadas Coralillo trataba de morder a mi padre, pero, como llevaba una chamarra negra de cuero, solo ahí le dejó la señal de sus granes colmillos.
En época de sequía o estiaje, hay partes en los caminos de herradura que agrietan, esas aberturas llegan a ser profundas, este fenómeno se presenta solo en los lugares muy alejados de los ríos, es decir áridos o secos.

Yendo para Mincuiní por el camino a Tampamás, logramos no un serpiente, sino que una culebra de las llamadas Lanza, pero de un gran tamaño, de tal manera que me impresionó bastante, quedando en mi mente el reptil de tan descomunal tamaño y al ir distraído, ya había pasado aproximadamente como cerca de una hora, la punta de la cuarta (usada para pegarle a los caballos) o pajuela, como era de cuero crudo, estaba completamente dura, se me metió por la parte posterior del zapato, sentí un piquete, apreté las piernas, y como llevaba espuelas, se las incrusté al caballo en las ingles o verijas y éste, saltó hacia el frente y logramos caer a un lado de la cabalgadura de mi padre. Motivo que lo sorprendió y me pregunta ¿ Qué pasó? Y le contesté ¡ La Culebra ¡ a pesar de ser yo, ya jefe de familia, pero al fin su hijo, que me dirige una serie de improperios al estilo huasteco in-imaginables, que acepté razonadamente y que al llegar a nuestro destino contó, causando una risa estrepitosa entre las personas y que en contra de mi voluntad, tuve que hacerles compañía a pesar de lo iróncio del caso.

En otra ocasión, trayendo tres vacas del Rancho Mata de Otate de Don Enrique Assad, mi padre me ordenó e hizo, que atando la lazadera a muerte en la cabeza de la silla, jalara la mancuerna de vacas, el una y Genaro para su arreo, pero, al ir bajando para el Río Calabozo, mi caballo no respondió a mis intenciones, las dos vacas, con sed, se me adelantaron y antes de caer al agua por la peña de unos tres metros de altura, saqué el machete y tuve que cortar la lazadera y las reses cayeron al agua; mi padre otra vez, con vocabulario muy especia, me llamó la atención y sacamos las vacas del agua, y mi padre, completamente disgustado, le recomendó a Genaro Cruz traerlas y a mi me comisionó para el arreo.

Al llegar a la casa, ya cuando a él se le habían calmado los nervios le dije: Papá, no cabe duda que a Ud. Le importaron más los animales que mi vida.-Me puso la mano en el hombro y me dijo: discúlpame hijo, jamás lo pensé y, reconozco que tú, hiciste bien.

Éstas compañías continuas con mi padre, hicieron que, cuando estaba como Director en la Escuela “Ricardo Flores Magón “ de la comunidad de Tecomate, comprara una vaca suiza de poca alza pero ya con cría, que Malla le puso la “Guitarra” por su pequeño tamaño y color café claro, como la que yo había regalado a mi compadre Celso Espinosa, para evitar los desvelos que tanto molestaban a Malla, cuando iban e invitaban a llevar serenatas.

Si bien es cierto que, la vaquería como deporte es muy atractiva, tienen que llenarse ciertos requisitos para su práctica siendo los más elementales: un buen caballo ajuareado con su freno, cabezada, rienda, carona, sobrecarona, silla de montar con sus estribos de tapadera; acompañada de una manga de hule, lazadera, cuarta, y machete y el caballero con un buen sombrero vaquero con su respectivo barbiquejo, y para evitar la herida por las espinas: zapato alto o bota, las pospiernas cubiertas con los llamados tacos, las polainas o bien las famosas chaparreras charras que cubre todo o que corresponde a las extremidades inferiores aseguradas de la cintura, con su respectiva navaja.- Los vaqueros actuales, portan su teléfono móvil.- Y además debe demostrar arrojo y valentía en su desempeño.

DÉCADA DE LOS AÑOS CUARENTA

Esta fue la época de mayor auge ganadero no solo en Tantoyuca, sino que en toda la Región de la Huaxteca, los que motivó, la aparición de ladrones de ganado el famoso abigeato, organizado por gavillas que, a deshoras de la noche atracaban a los ranchos, llevándose ganado de los propios corrales, casi a vistas de los dueños y, aquellos que se interponían eran amenazados y en algunas ocasiones los asesinaban.

La situación delicada que alteraba la pasividad de los pueblos, obligó al Gobierno Federal, establecer destacamentos o cuarteles de piquetes de soldados en cada cabecera municipal, para que se encargaran de la vigilancia, desplazándose diariamente por todos los pueblos de la Huaxteca, comprendida en fracciones de los Estado de Tamaulipas, San Luis Potosí, Hidalgo, Querétaro y Puebla ; de Norte a Sur.

Entre los que se comerciaba ganado robado, valiéndose de una serie de artimañas como alteración de fierros marcadores, o poniendo sobre esas marcas, para hacerlos irreconocibles; otros, degollando reses por la noche , en los propios ranchos y transportar la carne, dejando solo las pieles.
Para detener este sin fin arbitrariedades, fueron también comisionados, además de oficiales del ejército que sin misericordia alguna, castigaban a los malhechores, que, con soga al cuello, los ahorcaban; a la policía del Estado llamada Judicial, con el mismo objeto.

De los oficiales del Ejército que más sobresalieron en esta delicada y peligrosa comisión fueron el Cap. Antonio Pineda, el Teniente Vega Gil y uno que le apodaban El Mano Negra; quienes, en una lista especial, traían los nombres de las personas Jefes de Gavilla o dedicadas a esta mala actividad y por parte de la Policía Judicial, el Teniente Manuel Cisneros.
Tanto unos como otros, procuraban llegar de sorpresa a bailes, salas cinematográficas, donde hacían prisioneras algunas personas, o a las Presidencias Municipales, donde algunos abigeos se escudaban con el puesto de policías.
Así perdieron la vida muchos jóvenes que se dedicaron a obtener ingresos en la peligrosa ocupación del robo de ganado o asaltos a caminantes en lugares desolados.


RANCHO CHUPADERO

El propietario fue Don Antonio Herrera mas conocido por El Cuacho, dependía de la Hacienda de Chopopo, propiedad de los Hnos. Lic. Platón y Francisco Herrera Ostos.
Chupadero, es un lugar ocupado la mayor parte por grandes lomeríos, dedicados a la cría de ganado ovino y caprino y en las partes bajas, el ganado bovino.
En esos años cuarenta, cuando principiaba a extenderse el agrarismo, decidieron poner a la venta trescientas hectáreas del terreno, que adquirieron: cien, el Sr. Donaciano Olivares; Cien, el Profr. Manuel Lara Pinete y el resto, mi hermano Alberto, talabartero, en sociedad con mi padre por haberse disuelto la asociación de la matanza y había recibido su liquidación, esto sucedió en el año de 1945 aproximadamente, ahí, mi padre puso el ganado proio obtenido de la mencionada liquidación y mi hermano, se inicia en esta actividad, obteniendo poco a poco algunos animales con la orientación de mi señor padre.

Con la experiencia que adquirí al lado de mi papá en la compra venta de animales, siendo Presidente Municipal mi cuñado Erasmo, fui nombrado Tesorero del Ayuntamiento Constitucional en el año de 1950.
Como en esa época no había bancos, con el sueldo de Maestro sostenía a mi familia: mi esposa Amalia y mis hijas Ruth Nereida y Elba Elideth y el sueldo de Tesorero, mi esposa se encargaba de guardarlo.

Esto, me inclinó por dedicarme a la compra-venta de ganado, no sin antes haberlo consultado con mi señor padre, el que, gustoso me ofreció que, los animales que comprara los depositara en el Rancho de Chupadero, así lo hice, y, como no pagaba el importe de la pastura de mis animales, me hice cargo de, los gastos del la finca en lo que respecta al pago del vaquero, que se llamaba Porfirio y al pago de peones para deshierbar cuando fuera necesario y mantener en buen estado el cercado y el aguaje para los animales.
Los sábados, ilusionado con mis pequeñas hijas Ruth y Elba; acompañadas por Malla, con itacate preparado en casa, nos dirigíamos al rancho para ver los animales, mis hijas de overol azul una y la otra de rojo montadas un burrito que tenía mi padre y tanto yo como Malla empatalonada, en nuestros propios caballos.

Llegábamos al ranchito, las niñas entretenidas en su juegos bajo la vigilancia de su mamá y yo me dedicaba a campear con Porfirio, llevar los animales al aguaje, darles sal, etc. Etc., así lo hacíamos cada ocho días.

Al transcurrir los años, mis padres decidieron marcharse a la Ciudad de México, donde mi hermano Chalino, el menor de todos, se encontraba estudiando en la Escuela Militar de Meteorología juntamente con los jóvenes Lino Cruz Melo, Delfino Sáinz e Hedilberto Clemente quienes, por recomendaciones de Erasmo, habían ingresado, supuestamente becados por el Municipio de Tantoyuca posteriormente los jóvenes Fausto Azuara González y Porfirio Avilés.
Encontrándose ellos allá, mi madre vino por mi abuelita Icha a quien tuvo compañera, además de que, también estaría cerca de su también hijo, mi tío Rogerio.-Lamentablemente, el cambio le afectó por su edad, y murió.
Como mi padre ya era mayor de edad, y no acostumbrado a la vida citadina, no trabajaba, cada vez que necesitada dinero, me lo informaba, dándome instrucciones de que vendiera alguno de sus animales.
No recuerdo que tiempo, pero probablemente un año, y con la muerte de mi abuelita, decidieron su regreso a Tantoyuca.

Al siguiente día de su arribo, lo primero que hizo, ensillar su caballo e irse al rancho y ver su ganado.- Por la tarde regresó y sorprendido el comentó a mi mamá: Héctor no vendió ni un solo animal, nos sostuvo en México con su dinero y, cuando tuvo oportunidad me lo hizo notar y mi respuestas fue: era mi obligación, ya que estaba en condiciones de hacerlo, con el que gané el título de “El Hijo Orgulloso”
Logramos reunir un lote de veinticinco a treinta animales, cuando nos ofrecieron en venta, un terreno en la comunidad de San Antonio Galera, platicamos Malla y yo, sobre las probabilidades de hacer la compra y nos decidimos por la negativa, porque lo más importante para nosotros fue la preparación de los hijos.
El número de animales que teníamos depositados a pastos en el terreno de mi padre y hermano Alberto, descubrí que estaba causando algunos problemas entre los dos y antes de que sucediera otra cosa, sin avisarles, conseguí pastos en otra finca y ayudado por un vaquero, sin dar ningún aviso, los separé.
Y, en la próxima visita que hiciera mi padre, preguntó al vaquero Porfirio sobre mi ganado y ya le informó que, dos antes lo había sacado del potrero.
A su regreso, me pidió una explicación sobre mi proceder que le expliqué con detalle el hecho.
Como ya teníamos nuestro solar, procedimos a la venta y con parte del producto construimos nuestra propia y actual casa.

No sin antes haber sufrido el robo de algunas reses, siendo lo que más nos decepcionó, perder los ahorros de varios años para que otras personas los disfrutaran.
En abril de 1953, tuvimos la noticia de la aparición de una vaca, misma que vendimos a mi concuñada María Mercedes Azuara Azuara, esposa de Erasmo y con el dinero obtenido, me trasladé a la Ciudad de Xalapa, me compré un traje, para presentar mi exámen profesional en el Instituto de Capacitación del Magisterio Veracruzano los días doce el práctico en la Escuela Primaria “Boza” y el trece el Teórico (Tesis “Mejor Preparación Para el Maestro Rural “ en la antigua Esc. “Enrique C. Rébsamen”.
MIS CABALLOS
Después de haber descrito, lo que tomaría como aventuras en mi juventud, al lado de mi padre, amigos como Don Amado que, por cierto nunca me llamó por mi nombre, el único personaje que me bautizó con el apodo de “COGOY” apócope de la palabra COGOYO que se refiere al retoño tierno de la planta: a Genaro Cruz Meza, a mi primo Adelaido del Angel, a Nicolás x como mandadero o mozo de la carnicería etc. Etc.
Voy a tratar de describir los caballos o montas que fueron de mi propiedad en todos esos años de 1941 a 1952.

El primer caballo, fue una compra con el primer cobro que hice de seis meses de sueldo que ascendieron a la cantidad de $ 540.00, con un costo de – $ 125.00 que le hice a Don Homobono Caballero, de color retinto quemado frontino y que bauticé con el nombre de “El Coral” .-Después obtuve un caballo prieto claro con manchas blancas que le compré a Don Amado Guerrero, le puse “El Venado” y después de haber contraído matrimonio, obtuve un caballo colorado frente blanca de andadura como mecedora, para mi esposa, que me vendió también Don Amado en $ 140.00, le llamé “El Balancín”.- Al transcurrir el tiempo, mi padre, le compró a Esteban Cruz originario de la comunidad de Tamemás San Gabriel, dedicado a la doma y arrendamiento de bestias caballares “ El Farolito “ que después me vendió en $ 175.00, mi montura preferida porque tenía presentación y elegancia para caminar, acostumbrado a las labores del campo principalmente a la vaquería que, en el año de $ 1952, le vendí al Sr. Enedino Ruíz Cárdenas, Presidente Municipal de Tantoyuca, en la cantidad de $ 375.00.-

COLOFÓN

De todos los trabajos que he desempeñado durante toda mi vida: Ayudante de Matancero, vaquero, Maestro, Talabartero, Comerciante, Tesorero Municipal, Secretario del Ayuntamiento.
El más pesado, más peligroso pero más atractivo; ha sido el de vaquero y ganadero.
Habiendo tenido oportunidades de adueñarme por compra, de un rancho, mi esposa y yo, convenimos en hacerlo, porque todo lo ahorrado sería para la educación de nuestros hijos, los que, si Malla viviera, los dos nos sentiríamos muy orgullosos de ellos, al convertirse en buenos y distinguidos profesionistas en sus propios trabajos.

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